Algunas consideraciones básicas para abordar el acaparamiento de tierras en América Latina desde la economía política de la violencia
Elaborado por Guadalupe Andrade
Resumen:
En América Latina el proceso de acaparamiento de tierras ha cobrado mayor presencia a principios del siglo XXI, como una de las grandes fuerzas estratégicas del capitalismo contemporáneo para la reorganización global del capital y la disputa por la hegemonía económica. Sin embargo, las organizaciones dedicadas a su observancia aún se encuentran muy lejos de poder cuantificar el proceso y por lo tanto aún más de evaluar el grado de afectación en el territorio y sus pobladores dada la multiplicidad de violencias intrínsecas y relacionadas al proceso. En este trabajo se plantean algunas consideraciones que deben tenerse al adentrarse al estudio del acaparamiento de tierras en América Latina, desde las herramientas de la economía política de la violencia, propuestas en el proyecto PAPIIT IA301217 a cargo del Dr. Daniel Inclán.
Palabras clave:
Acaparamiento de tierras, agroextractivismo, territorialización, violencia.
Introducción
El proyecto PAPIIT IA301217 "Economía Política de la Violencia. Genealogías latinoamericanas", contempla entre los ejes estructurales de la violencia ejercidos por el capitalismo contemporáneo en el marco de de crisis estructural y civilizatoria, el creciente proceso de acaparamiento de tierras por capitales transnacionales dedicados a la extracción de recursos naturales.
A partir de un trabajo de investigación en fuentes oficiales y no gubernamentales, así como la revisión de los bancos de información disponibles en los portales de las corporaciones dominantes en el agronegocio (BASF, Monsanto, Du pont, Cargill, Dow Chemical, Syngenta) y de los observatorios de concentración mundial de tierras (FAO, ETC Group, GRAIN, OXFAM, Land Matrix y Vía Campesina), en el proyecto distinguimos algunos de los propósitos que persigue el capital a través del acaparamiento de tierras y que se proyectan a partir de éste siglo como ramas productivas estratégicas, tales como: producción de alimentos, industria ganadera, minería, petróleo, bioenergéticos y agua. Todas actividades de orden agroextractivo que tienden a presentarse conjuntamente dentro de un mismo territorio.
Para América Latina este proceso se ha visto reforzado a partir de la crisis alimentaria y financiera de 2008. De acuerdo a aproximaciones asistidas por la FAO: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, Paraguay, Perú y Uruguay experimentan un elevado grado de acaparamiento de tierras. México y Nicaragua experimentan un grado regular de acaparamiento de tierras y sólo Trinidad y Tobago son identificados como los únicos dos países de América Latina y el Caribe que lo experimentan nada o casi nada (Borras, 2011). En contraste, para dimensionar un poco los parámetros respaldados por la FAO: organizaciones independientes estiman para el caso de México, que una tercera parte de su territorio ha sido concesionado a empresas dedicadas a la minería (Regeneración, 2017).
Incluso, el Panel de Expertos de Alto Nivel (PEAN) del Comité de Seguridad Alimentaria (CSA) de la ONU y los modelos de desarrollo "Nueva Agrícultura" promovidos por el Banco Mundial (BM) proyectan una concentración de tierras de 70 millones de hectáreas dedicadas a la agroindustria en los países del sur global para el año 2030, con una tasa de crecimiento de 6 millones anuales (Giraldo, 2015).
El acaparamiento de tierras en América Latina se está ejerciendo bajo formas muy heterogéneas que las metodologías de los observatorios antes mencionados todavía no alcanzan a sistematizar. Ocurre en diferentes regímenes de derechos de propiedad sobre la tierra, condiciones agroecológicas y ubicaciones espaciales y se lleva a cabo mediante distintos mecanismos de obtención de la tierra que incluyen la participacion legal o ilegal de los Estados, lo que complica la investigación franca por parte de las instituciones y sobre todo limita el trabajo de las y los investigadores independientes. No obstante, existe consenso entre las intituciones y los observatorios revisados, en que las condiciones y tendencias actuales del acaparamineto de tierras en América Latina apuntan a que este fenómeno se extenderá y se volverá más frecuente durante los próximos años. Por tal motivo pretendemos nombrar algunas consideraciones básicas que deben tenerse en cuenta al momento de estudiar las tendencias del acaparamiento de tierras en América Latina.
- La conformación agraria
Las reformas agrarias que tuvieron lugar en América Latina a lo largo del siglo XX aunque suelen ser agrupadas de diferentes formas dependiendo los criterios de tipificación preferidos por la o el autor1, tuvieron como elemento común la tendencia hacia la eliminación de los mega latifundios heredados de la conquista y la colectivización de la tierra para la conformación de pequeñas unidades de producción familiares y nuevas formas de organización social.
La revolución mexicana de 1910 impulsó las reclamaciones populares por la tenencia de la tierra, quedando pactadas en la Constitución de 1917. La cual influyó en la contrucción de los marcos jurídicos agrarios de las revoluciones que surgieron posteriormente: Nicaragua en 1933; Guatemala en 1951; Bolivia en 1953; Cuba en 1959; Chile en 1962; Perú en 1970, por nombrar algunos casos (Alegrett, 1979).
A partir de 1961, como preámbulo a la Revolución Verde, el gobierno estadounidense a través de la Conferencia Interamericana de Punta del Este, celebrada en Uruguay, y el programa político <>, impulsó una nueva ola de leyes agrarias en casi todos los países de América Latina, que también coincidieron en la dotación de tierras a pequeños y medianos propietarios (Alegrett, 1979).
Hasta la fecha la mayoría de los países de América Latina han mantenido vigentes, aunque de manera parcial, sus leyes de reforma agraria de mediados del siglo XX y han sometido a modificación otras con la implementación de políticas neoliberales, especialmente las que protegen la tenencia colectiva de la tierra. Por lo que una de las caracteristicas clave de la región es que en términos de superficie abundan los regímenes de propiedad de la tierra que no están formalmente privatizados. Se trata de grandes extensiones de tierra generalmente habitadas por pueblos originarios, que gestionan los gobiernos nacionales.
Como en el caso mexicano donde las Reformas Estructurales de corte neoliberal han impulsado un acelerado retroceso para los principios constitucionales que garantizan a las tierras comunales y ejidales como inalienables, imprescriptibles e inembargables. Facilitando dinámicas de despojo, principalmente contra pueblos originarios, a través de la implementación de mecanismos legales plasmados en la Reforma Energética o la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente como las <>, <> o <>.
Esto quiere decir que en muchas ocasiones, cuando el territorio ambicionado se encuentra resguardado por títulos de propiedad comunal o ejidal o bajo la gestión de los Estados, las empresas transnacionales prefieren recurrir a mecanismos de despojo más sutiles y elaborados que simples contratos de compra-venta, debido a que los procesos de privatización pueden llegar a resultarles lentos, costosos o requerir de actividades ilícitas.
Los mecanismos de ese orden resultan inconmensurables para las metodologías utilizadas por los observatorios. Ya que estos sólo registran el acaparamiento cuando éstos impactan a un terreno superior a 200 hectáreas y existe un cambio de producción de pequeña a gran escala. Este aspecto es poco acorde a la conformación agraria de la región en el que al rededor del 90% de la población campesina e indígena, de acuerdo al Banco Mundial, posee en promedio 2 hectáreas por familia. Es decir, que la producción de estas pequeñas fincas acaparadas por las empresas agroindustriales, en el caso en el que las empresas rentan el trabajo y la tierras de las comunidades campesinas, son omitidas en las estadísticas de los observatorios. Pudiendo ser sus aproximaciones para el caso latinoamericano bastante inexactas.2
2. Agroextractivismo
Los observatorios ubican principalmente la presencia de dos tipos de acaparadores en América Latina:
- Acaparamiento en función de la seguridad alimentaria de las potencias económicas.
- Acaparamiento en función de ganancias financieras.
Que son llevadas a cabo, no en todos los casos, pero en su mayoría a partir de inversión privada extranjera de corte translatinoamericano. Donde figuran con frecuencia BASF, Monsanto, Bayer, DuPont, Dow Chemical y Syngenta (Grupo ETC, 2015).3
Esto implica la concentración de grandes extensiones de tierra homogeneizadas, delimitadas y controladas para la siembra mecanizada de monocultivos que pueden ser destinados a distintos mercados según la ventaja comparativa del momento, ya sea para la alimentación humana o animal o para la industria de la bioenergía.
Se les ha denominado "flex crops" o "cultivos comodín" y son el modelo de agricultura industrial adecuado para la triada global alimento-forraje-combustible (Borras, 2011). Esta dinámica en nuestra perspectiva, añade otra condición de dificultad para la plena identificación de las actividades agroextractivas en la región. Ya que los observatorios producen sus estadísticas a partir de los giros comerciales registrados en los contratos para la compra o renta de las tierras.
3. Caracterización de la violencia
Si bien el acaparamiento de tierras ha sido en el capitalismo un recurso histórico, sumamente violento, indispensable para la acumulación ampliada de capital, que ha costado el desplazamiento y exterminio de muchos pueblos al rededor del mundo. Aquí nos proponemos señalar algunos elementos de la violencia que se despliegan de manera particular en América Latina a partir de la información común que exponen los observatorios y que configuran la forma contemporanea del acamparamiento de tierras en la región.
3.1. Territorialización
Aunque el desplazamiento forzado es una de los efectos más notorios del acaparamiento de tierras, destacabamos anteriormente que debido a la conformación histórica del agro en América Latina, se han adecuado mecanismos más complejos que pueden no requerir del desplazamiento físico de las comunidades campesinas, por el contrario buscan refuncionalizar su trabajo.
La transformación de los paísajes agrícolas campesinos y de los diversos sistemas ecológicos en gigantescas extensiones de tierra dedicadas al monocultivo, impone una estética homogénea, rectilínea y mecanizada propia de la organización espacial al interior de la fábrica (Moncayo, 1992). Esta transformación comprende una re-territorialización del espacio que a su vez implica la producción de nuevas exclusiones. Es decir, la desterritorialización para los habitantes originarios.
La desterritorialización es identificada con facilidad como una forma de la violencia cuando implica el desplazamiento forzado de las poblaciones. Sin embargo, se vuelve más sutil cuando las poblaciones permanecen dentro del territorio, pero esta destruye su organización social y su cultura. A esto Omar Giraldo lo llama "la desterritorialización ontológica y epistémica de las sociedades rurales" (Giraldo, 2015).
Es decir, la introducción de los proyectos agroindustriales no sólo propicia el desplazamiento físico de los pueblos. También destruye la intersubjetividad sujeto-sujeto presente en muchas filosofías de los pueblos originarios en América Latina para la producción de cuerpos y territorios afines al sistema de producción capitalista.
"La tierra en cualquier forma, milpa, sitio, terreno, representa en forma concreta a Nuestra Madre Tierra. Por eso no es propiedad de nadie, tampoco producto de compra-venta. El cultivo de la tierra concede al cultivador el usufructo de su trabajo, pero no convierte el suelo trabajado en propiedad del cultivador o agricultor. Por tanto, no tienen el derecho de hacer con la tierra lo que se les dé la gana porque no son sus propietarios. Dicho de otro modo no hay propiedad de dominio sobre la tierra. Por lo expuesto, la concepción legal de la sociedad dominante contradice la concepción milenaria de los tojolabales y viceversa. Esta concepción de la tierra como Nuestra Madre Tierra señala que no se trata de un formalismo o de un giro lingüistico, sino que representa una actitud profundamente arraigada en la vida de los tojolabales y otros pueblos originarios." (Lenkersdorf, 2004, p.57)
De manera que si entendemos el profundo entreveramiento entre cultura y naturaleza que existe en los pueblos originarios de América Latina podemos identificar que la territorialización del acaparamiento de tierras destinadas al agroextractivismo no ejerce sólo una violencia económica, sino también una violencia política e histórica implementada por las empresas y los Estados contra los pueblos.
Bibliografía
García, A. (1982). Modelos operacionales de reforma agraria y desarrollo rural en América Latina. IICA.
Borras, Saturnino, Jennifer Franco, Cristóbal Kay y Max Spoor (2011). El acaparamiento de tierras en América Latina y el Caribe visto desde una perspectiva internacional más amplia. Roma: FAO. Recuperado de http://www.fao.org/fileadmin/user_upload/rlc/eventos/229269/borras.pdf
Giraldo, O. (2015). Agroextractivismo y acaparamiento de tierras en America Latina: Una lectura desde la ecología política. Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales. Revista Mexicana de Sociología 77, núm. 4.
Martínez, R. (1965). La reforma agraria. Conflictos y consensos: el caso latinoamericano. Instituto de Investigaciones sociales. Universidad Autónoma de México, pp. 185.
Moncayo, M. (1992). Espacialidad y Estado: Formas y Re-formas. México: SEP.
Lenkersdorf, C. (2017). Conceptos tojolabales de filosofía y del altermundo. México: Chakal.
Alegrett, R. (1979). Evolución y tendencias de las reformas agrarias en América Latina. Roma: FAO. Recuperado de http://www.fao.org/docrep/006/j0415t/j0415t0b.htm#bm11
Campo Jurásico: La guerra de los dinosaurios del agronegocio es el Cuaderno No. 115 del Grupo ETC. Recuperado de http://www.etcgroup.org/files/files/etc_breakbad_esp_v5-final_may11-2016.pdf
Regeneración. (2017). Un tercio de México concesionado a la minería y nunca se ha consultado. Recuperado de https://regeneracion.mx/mexico-concesionado-a-mineria-y-no-se-consulta/
Notes
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Por ejemplo como lo hace Antonio Garcia (1982) en "Modelos operacionales de reforma agraria y desarrollo rural en América Latina." proponiendo tres categorías para entender las reformas agrarias de América Latina: las estructurales, las convencionales y las marginales, de acuerdo al impacto en las estructuras productivas campesinas. O como prefiere Martínez Ríos (1965) en "La reforma agraria. Conflictos y consensos: el caso latinoamericano." quien distingue entre las reformas agrarias que tuvieron lugar durante episodios revolucionarios violentos y las de corte institucional a través de gobiernos moderados. ↩
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Esta misma condición también puede sugerir el por qué la FAO concluye que el acaparamiento de tierras en América Latina se encuentra en una fase inicial y restringida a dos países: Brasil y Argentina. Ya que estos dos países tienen la mayor presencia de mega latifundios como resultado de las políticas de modernización al campo impulsadas en los años 60´s. ↩
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Gráfica extraída de Cuaderno No. 115 del Grupo ETC, pp. 5. ↩